Capítulo 3. La Madriguera.
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En aquel momento apareció en la cocina una personita bajita y pelirroja, que llevaba puesto un largo camisón y que, dando un grito, se volvió corriendo.
- Es Ginny - dijo Ron a Harry en voz baja-, mi hermana. Se ha pasado el verano hablando de ti.
- Sí, debe de estar esperando que le firmes un autógrafo, Harry - dijo Fred con una sonrisa, pero se dio cuenta de que su madre lo miraba y hundió la vista en el plato sin decir ni una palabra más. No volvieron a hablar hasta que hubieron terminado todo lo que tenían en el plato, lo que les llevó poquísimo tiempo.
[...]
Salieron sigilosamente de la cocina y, siguiendo un estrecho pasadizo, llegaron a una escalera torcida que subía atravesando la casa en zigzag. En el tercer rellano había una puerta entornada. Antes de que se cerrara de un golpe, Harry pudo ver un instante un par de ojos castaños que estaban espiando.
- Ginny - dijo Ron -. No sabes lo raro que es que se muestre así de tímida. Normalmente nunca se esconde.
Capítulo 4. En Flourish y Blotts
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Una mañana soleada, cuando llevaba más o menos una semana en La Madriguera, Harry les oyó hablar sobre Hogwarts. Cuando Ron y él bajaron a desayunar, encontraron al señor y la señora Weasley sentados con Ginny a la mesa de la cocina. Al ver a Harry Ginny dio sin querer un golpe al cuenco de las gachas y éste se cayó al suelo con gran estrépito. Ginny solía tirar las cosas cada vez que Harry entraba en la habitación donde ella estaba. Se metió debajo de la mesa para recoger el cuenco y se levantó con la cara tan colorada y brillante como un tomate. Haciendo como que no lo había visto, Harry se sentó y cogió la tostada que le pasaba la señora Weasley.
[...]
- Bueno, ya nos apañaremos -repuso la señora Weasley aunque parecía preocupada-. Espero que a Ginny le puedan servir muchas de sus cosas.
- ¿Es qué ya vas a empezar en Hogwarts este curso? - preguntó Harry a Ginny. Ella asintió con la cabeza, enrojeciendo hasta la raíz del pelo, que era de color rojo encendido, y metió el codo en el plato de la mantequilla. Afortunadamente, el único que se dio cuenta fue Harry, porque Percy el hermano mayor de Ron, entraba en aquel preciso instante.
[...]
La multitud aplaudió y vitoreó al mago, y Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del público, hasta el fondo de la tienda, donde Ginny aguardaba junto a su caldero nuevo.
-Tenlos tú -le farfulló Harry, metiendo los libros en el caldero-. Yo compraré los míos...
- ¿A que te gusta, eh, Potter? -dijo una voz que Harry no tuvo ninguna dificultad en reconocer.
Se puso derecho y se encontró cara a cara con Draco Malfoy, que exhibía su habitual aire despectivo -. El famoso Harry Potter. Ni siquiera en una librería puedes dejar de ser el protagonista.
- ¡Déjalo en paz, él no lo ha buscado! -replicó Ginny Era la primera vez que hablaba delante de Harry. Estaba fulminando a Malfoy con la mirada.
- ¡Vaya, Potter, tienes novia! -dijo Malfoy arrastrando las palabras. Ginny se puso roja mientras Ron y Hermione se acercaban, con sendos montones de los libros de Lockhart.
Capítulo 13. El diario secretísimo
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Los enanos se pasaron el día interrumpiendo las clases para repartir tarjetas, ante la irritación de los profesores, y al final de la tarde, cuando los de Gryffindor subían hacia el aula de Encantamientos, uno de ellos alcanzó a Harry.
- ¡Eh, tú! ¡Harry Potter! - gritó un enano de aspecto particularmente malhumorado, abriéndose camino a codazos para llegar a donde estaba Harry.
Ruborizándose al pensar que le iba a ofrecer una felicitación de San Valentín delante de una fila de alumnos de primero, entre los cuales estaba Ginny Weasley, Harry intentó escabullirse. El enano, sin embargo, se abrió camino a base de patadas en las espinillas y lo alcanzó antes de que diera dos pasos.
- Tengo un mensaje musical para entregar a Harry Potter en persona -dijo, rasgando el arpa de manera pavorosa.
- ¡Aquí no! -dijo Harry enfadado, tratando de escapar.
- ¡Párate! -gruñó el enano, aferrando a Harry por la bolsa para detenerlo.
- ¡Suéltame! -gritó Harry, tirando fuerte.
Tanto tiraron que la bolsa se partió en dos. Los libros, la varita mágica, el pergamino y la pluma se desparramaron por el suelo, y la botellita de tinta se rompió encima de todas las demás cosas.
Harry intentó recogerlo todo antes de que el enano comenzara a cantar ocasionando un atasco en el corredor.
- ¿Qué pasa ahí? -Era la voz fría de Draco Malfoy, que hablaba arrastrando las palabras. Harry intentó febrilmente meterlo todo en la bolsa rota, desesperado por alejarse antes de que Malfoy pudiera oír su felicitación musical de San Valentín.
- ¿Por qué toda esta conmoción? -dijo otra voz familiar, la de Percy Weasley, que se acercaba.
A la desesperada, Harry intentó escapar corriendo, pero el enano se le echó a las rodillas y lo derribó.
-Bien -dijo, sentándose sobre los tobillos de Harry -, ésta es tu canción de San Valentín:
Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche
y el pelo negro como una pizarra cuando anochece.
Quisiera que fuera mío, porque es glorioso,
el héroe que venció al Señor Tenebroso.
Harry habría dado todo el oro de Gringotts por desvanecerse en aquel momento. Intentando reírse con todos los demás, se levantó, con los pies entumecidos por el peso del enano, mientras Percy Weasley hacía lo que podía para dispersar al montón de chavales, algunos de los cuales estaban llorando de risa.
- ¡Fuera de aquí, fuera! La campana ha sonado hace cinco minutos, a clase todos ahora mismo -decía, empujando a algunos de los más pequeños-. Tú también, Malfoy.
Harry vio que Malfoy se agachaba y cogía algo, y con una mirada burlona se lo enseñaba a Crabbe y Goyle. Harry comprendió que lo que había recogido era el diario de Ryddle.
- ¡Devuélveme eso! -le dijo Harry en voz baja.
- ¿Qué habrá escrito aquí Potter? -dijo Malfoy, que obviamente no había visto la fecha en la cubierta y pensaba que era el diario del propio Harry. Los espectadores se quedaron en silencio. Ginny miraba alternativamente a Harry y al diario, aterrorizada.
-Devuélvelo, Malfoy -dijo Percy con severidad.
-Cuando le haya echado un vistazo -dijo Malfoy, burlándose de Harry.
Percy dijo:
-Como prefecto del colegio...
Pero Harry estaba fuera de sus casillas. Sacó su varita mágica y gritó:
- ¡Expelliarmus!
Y tal como Snape había desarmado a Lockhart, así Malfoy vio que el diario se le escapaba a Malfoy de las manos y salía volando. Ron, sonriendo, lo atrapó.
- ¡Harry! -dijo Percy en voz alta-. No se puede hacer magia en los pasillos. ¡Tendré que informar de esto!
Pero Harry no se preocupó. Le había ganado una a Malfoy, y eso bien valía cinco puntos de Gryffindor. Malfoy estaba furioso, y cuando Ginny pasó por su lado para entrar en el aula, le gritó despechado:
- ¡Me parece que a Potter no le gustó mucho tu felicitación de San Valentín!
Ginny se tapó la cara con las manos y entró en clase corriendo. Dando un gruñido, Ron sacó también su varita mágica, pero Harry se la quitó de un tirón. Ron no tenía necesidad de pasarse la clase de Encantamientos vomitando babosas.
Capítulo 17. El heredero de Slytherin
[...]
Harry tuvo que echar atrás la cabeza para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo. Y entre los pies, boca abajo, vio una pequeña figura con túnica negra y el cabello de un rojo encendido.
- ¡Ginny!- susurró Harry, corriendo hacia ella e hincándose de rodillas.
- ¡Ginny! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! -Dejó la varita a un lado, cogió a Ginny por los hombros y le dio la vuelta. Tenía la cara tan blanca y fría como el mármol, aunque los ojos estaban cerrados, así que no estaba petrificada. Pero entonces tenía que estar...-. Ginny, por favor, despierta -susurró Harry sin esperanza, agitándola. La cabeza de Ginny se movió, inanimada, de un lado a otro.
- No despertará -dijo una voz suave.
Harry se enderezó de un salto.
Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como Harry si lo estuviera mirando a través de un cristal empañado. Pero no había dudas sobre quién era.
- Tom... ¿Tom Ryddle?
Ryddle asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro de Harry.
- ¿Qué quieres decir? ¿Por qué no despertará? -dijo Harry desesperado-. ¿Ella no está... no está...?
-Todavía está viva -contestó Ryddle-, pero por muy poco tiempo.
[...]
-Tienes que ayudarme, Tom -dijo Harry, volviendo a levantar la cabeza de Ginny-. Tenemos que sacarla de aquí. Hay un basilisco... No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento. Por favor, ayúdame...
Ryddle no se movió. Harry, sudando, logró levantar a medias a Ginny del suelo, y se inclinó a recoger su varita.
Pero la varita ya no estaba.
- ¿Has visto...?
Levantó los ojos. Ryddle seguía mirándolo... y jugueteaba con la varita de Harry entre los dedos.
-Gracias -dijo Harry, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera.
Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Ryddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita.
-Escucha -dijo Harry con impaciencia. Las rodillas se le doblaban bajo el peso muerto de Ginny-. ¡Tenemos que huir! Si aparece el basilisco...
-No vendrá si no es llamado -dijo Ryddle con toda tranquilidad.
Harry volvió a posar a Ginny en el suelo, incapaz de sostenerla.
[...]
Le llegó un débil gemido del fondo de la cámara. Ginny se movía. Mientras Harry corría hacia ella, la muchacha se sentó, y sus ojos desconcertados pasaron del inmenso cuerpo del basilisco a Harry, con la túnica empapada de sangre, y luego al cuaderno que éste llevaba en la mano. Profirió un grito estremecido y se echó a llorar.
- Harry..., ah, Harry, intenté decíroslo en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo, Harry, pero te juro que no quería... Ryddle me obligaba a hacerlo, se apoderó de mí y... ¿cómo lo has matado? ¿Dónde está Ryddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario.
- Ha terminado todo bien -dijo Harry, cogiendo el diario para enseñarle a Ginny el agujero hecho por el colmillo-. Ryddle ya no existe. ¡Mira! Ni él ni el basilisco. Vamos, Ginny, salgamos...
- ¡Me van a expulsar! -se lamentó Ginny, incorporándose torpemente con la ayuda de Harry-. Siempre quise estudiar en Hogwarts, desde que vino Bill, y ahora tendré que irme y.. ¿qué pensarán mis padres?
Fawkes los estaba esperando, revoloteando en la entrada de la cámara. Harry apremió a Ginny. Dejaron atrás el cuerpo retorcido e inanimado del basilisco, y a través de la penumbra resonante regresaron al túnel. Harry oyó cerrarse las puertas tras ellos con un suave silbido.
Tras unos minutos de andar por el oscuro túnel, a los oídos de Harry llegó un distante ruido de piedras.
- ¡Ron! -gritó Harry, apresurándose-. ¡Ginny está bien! ¡La traigo conmigo!
Oyó que Ron daba un grito ahogado de alegría, y al doblar la última curva vieron su cara angustiada que asomaba por el agujero que había logrado abrir en el montón de piedras.
- ¡Ginny! -Ron sacó un brazo por el agujero para ayudarla a pasar-. ¡Estás viva! ¡No me lo puedo creer! ¿Qué ocurrió?
Intentó abrazarla, pero Ginny se apartó, sollozando.
- Pero estás bien, Ginny -dijo Ron, sonriéndole-. Todo ha pasado. ¿De dónde ha salido ese pájaro?
Fawkes había pasado por el agujero después de Ginny.
- Es de Dumbledore -dijo Harry, encogiéndose para pasar.
- ¿Y cómo has conseguido esa espada? -dijo Ron, mirando con la boca abierta el arma que brillaba en la mano de Harry.
- Te lo explicaré cuando salgamos -dijo Harry, mirando a Ginny de soslayo.
- Pero...
- Más tarde -insistió Harry. No creía que fuera buena idea decirle en aquel momento quién había abierto la cámara, y menos delante de Ginny-. ¿Dónde está Lockhart?
Capítulo 18. La recompensa de Dobby.
[...]
El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras se habían suspendido ( «pero hemos hecho muchas prácticas », dijo Ron a una contrariada Hermione) y Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo escolar. Draco ya no se pavoneaba por el colegio como si fuera el dueño. Por el contrario, parecía resentido y enfurruñado. Y Ginny Weasley volvía a ser completamente feliz.
Muy pronto llegó el momento de volver a casa en el expreso de Hogwarts. Harry, Ron, Hermione, Fred, George y Ginny tuvieron todo un compartimento para ellos. Aprovecharon al máximo las últimas horas en que les estaba permitido hacer magia antes de que comenzaran las vacaciones. Jugaron al snap explosivo, encendieron las últimas bengalas del doctor Filibuster de George y Fred, y jugaron a desarmarse unos a otros mediante la magia. Harry estaba adquiriendo en esto gran habilidad.
Estaban llegando a Kings Cross cuando Harry recordó algo.
- Ginny.., ¿qué es lo que le viste hacer a Percy, que no quería que se lo dijeras a nadie?
- ¡Ah, eso! -dijo Ginny con una risita-. Bueno, es que Percy tiene novia.
A Fred se le cayeron los libros que llevaba en el brazo.
- ¿Qué?
- Es esa prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater -dijo Ginny-. Es a ella a quien estuvo escribiendo todo el verano pasado. Se han estado viendo en secreto por todo el colegio. Un día los descubrí besándose en un aula vacía. Le afectó mucho cuando ella fue..., ya sabéis..., atacada. No se reirán de él, ¿verdad? -añadió.
- Ni se me pasaría por la cabeza -dijo Fred, que ponía una cara como si faltase muy poco para su cumpleaños.
- Por supuesto que no -corroboró George con una risita.
Harry Potter y la Cámara Secreta
Copyright © J.K. Rowling, 1998
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Enero 2009 |