Capítulo 4. El número 12 de Grimmauld Place.
[...]
Entonces se abrió la puerta y por ella entró una larga cabellera pelirroja.
- ¡Hola, Harry! - saludó alegremente la hermana pequeña de Ron, Ginny. - Me pareció oír tu voz .- Miró a Fred y a George y añadió - : No van a conseguir nada con las Orejas Extensibles. Mamá le ha hecho un encantamiento de impasibilidad en la puerta de la cocina.
- ¿Cómo lo sabes? preguntó George, alicaído.
- Tonks me ha explicado como descubrirlo - le contó Ginny. - Sólo tienes que
lanzar algo contra la puerta y si no logra hacer contacto quiere decir que la han impasibilizado. He estado lanzando Bombas fétidas desde lo alto de la escalera, pero salían despedidas antes de tocarla, de modo que no hay manera de que las Orejas Extensibles puedan pasar por debajo.
Fred exhaló un hondo suspiro.
[...]
- Yo nunca he buscado... Yo no quería ¡Voldemort mató a mis padres!" - farfulló Harry -. ¡Me hice famoso porque él mató a mi familia y porque no consiguió matarme a mí" ¿Quién va a querer ser famoso por algo así? ¿No se dan cuenta de que preferiría no haber...?
- Ya lo sabemos, Harry - dijo Ginny de todo corazón.
Capítulo 5. La Orden del Fénix.
[...]
Tras tres raciones de pudín de ruibarbo con crema, a Harry empezó a apretarle la cintura de los pantalones vaqueros (lo cual resultaba un tanto alarmante, pues los había heredado de Dudley). Dejó la cuchara en el plato en el momento en que se hizo una pausa en la conversación general: el Sr. Weasley estaba recostado en el respaldo de la silla, saciado y relajado; Tonks, cuya nariz había recuperado su aspecto habitual, bostezaba abiertamente; y Ginny, que había conseguido hacer salir a Crookshanks de debajo del aparador, estaba sentada con las piernas cruzadas en el suelo, lanzándole al gato corchos de cerveza de mantequilla para que fuera a buscarlos
- Creo que ya es hora de acostarse - dijo la Sra. Weasley con un bostezo.
- Todavía no, Molly - intervino Sirius, apartando su plato vacío y volviéndose para mirar a Harry -. Mira, estoy sorprendido. Creía que lo primero que harías en cuanto llegaras sería preguntar sobre Voldemort.
[...]
Durante una fracción de segundo, Harry pensó decirle a Ron que no pensaba contarle ni una sola palabra, que así se enteraría de lo que era quedarse en blanco y podría ver si le gustaba. Pero ese malvado impulso se desvaneció cuando Harry y Ron se miraron.
- Pues claro - afirmó Harry.
Ron y Hermione sonrieron radiantes.
- ¡Muy bien! - gritó señora Weasley.- ¡Muy bien! ¡Ginny! ¡A la cama!
Ginny no obedeció sin quejarse. Pudieron oír cómo protestaba y despotricaba contra su madre mientras subían la escalera, y cuando llegó al vestíbulo, los ensordecedores chillidos de la señora Black se añadieron al barullo.
Capítulo 6. La noble y ancestral casa de los Black.
[...]
Hubo una pausa, y Harry se dio cuenta de que los otros, como él, estaban preguntándose qué horrores podría perpetrar aquella arma.
- ¿Y quién creen que la tiene ahora?- preguntó George.
- Espero que alguien de nuestro bando - contestó Ron con una voz que denotaba cierto nerviosismo.
- Si es así, debe de tenerla guardada Dumbledore - dijo Fred.
- ¿Dónde?- preguntó con rapidez Ron -. ¿En Hogwarts?
- ¡Seguro que sí! - afirmó George -. Allí fue donde escondió la Piedra Filosofal.
- Pero ¡esa arma debe ser mucho más grande que la Piedra! - objetó Ron.
- No necesariamente - contestó Fred.
- Sí, el tamaño no es garantía de poder - advirtió George -. Y si no, miren a Ginny.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Harry.
- Nunca te ha echado uno de sus maleficios de los mocomurciélagos, ¿verdad?.
[...]
El miércoles por la noche, durante la cena, sintió como si un ladrillo hubiera caído dentro de su estómago cuando la señora Weasley se volvió hacia él, y con voz queda dijo:
- Te he planchado tu mejor ropa para mañana por la mañana, Harry, y quiero que esta noche te laves el pelo. Una buena impresión puede hacer maravillas.
Ron, Hermione, Fred, George y Ginny dejaron de hablar y miraron a Harry. Éste agachó la cabeza e intentó seguir comiéndose la chuleta, pero se le había quedado la boca tan seca que no podía masticar.
Capítulo 9. Las tribulaciones de la señora Weasley.
[...]
La señora Weasley se secaba las lágrimas con su delantal, y Fred, George y Ginny se habían puesto a bailar una especie de danza guerrera al son de una canción que decía:
- ¡Se ha librado! ¡Se ha librado! ¡Se ha librado!
- ¡Basta! ¡Cálmense!- gritó el señor Weasley, aunque él también sonreía.- Oye, Sirius, hemos visto a Lucius Malfoy en el Ministerio...
- ¿Qué?- saltó Sirius.
- ¡Se ha librado! ¡Se ha librado! ¡Se ha librado!
- ¡Cállense ustedes tres! Si. Lo hemos visto hablando con Funge en la novena planta, luego han subido juntos al despacho de Fudge. Dumbledore debería saberlo.
- Desde luego- coincidió Sirius.- Se lo diremos, no te preocupes.
- Bueno, tengo que irme, hay un inodoro que vomita esperándome en Bethnal Green. Molly, llegaré tarde, debo cubrir a Tonks, pero quizá Kingsley venga a cenar...
- ¡Se ha librado! ¡Se ha librado! ¡Se ha librado!
- ¡Fred, George, Ginny, es suficiente!- chilló la señora Weasley cuando su marido salió de la cocina -. Harry, querido, ven y siéntate, come algo, que apenas has desayunado.
Capítulo 10. Luna Lovegood.
[...]
En la casa había mucha conmoción. Por lo que pudo oír Harry mientras se vestía a toda velocidad, Harry comprendió que Fred y George habían encantado sus baúles para que bajaran volando las escaleras, ahorrándose así la molestia de transportarlos, y éstos habían golpeado a Ginny y la habían hecho bajar dos tramos de escalones hasta el vestíbulo; la señora Black y la señora Weasley gritaban a voz en cuello.
- ¡...PODRÃAN HABERLA HECHO DAÑO DE VERDAD, IDIOTAS!
- ¡... MESTIZOS PODRIDOS, MANCILLANDO LA CASA DE MIS PADRES!
Hermione entró corriendo en la habitación, muy aturullada, cuando Harry estaba poniéndose los zapatos tenis. La chica llevaba a Hedwig balanceándose en el hombro, y a Crookshanks retorciéndose en sus brazos.
-Mis padres me han devuelto a Hedwing - La lechuza revoloteó por encima y se posó en la parte alta de su jaula.
- ¿Ya estás listo?
- Casi. ¿Cómo está Ginny?"- preguntó Harry, poniéndose las gafas
- La Sra. Weasley ya la ha curado.
[...]
Cuando Hermione y Ron arrastraron sus baúles a a Crookshanks y Pigwidgeon en su jaula para hacia el primer vagón del tren, Harry tuvo una extraña sensación de abandono. Nunca
Había viajado en el Expreso de Hogwarts sin Ron...
- ¡Vamos!- le dijo Ginny -Si nos damos prisa podremos guardarles sitio.
- Tienes razón- replicó Harry, y agarró la jaula de Hedwig con una mano y el asa del
baúl en la otra.
[...]
- ¡Ah, hola...! - respondió Harry desconcertado.
- Hummm €¦- dijo Cho -Bueno... Sólo venía a decirte hola.. Hasta luego.
Y con las mejillas muy coloradas cerró la puerta y se marchó. Harry se recostó en el asiento y soltó un gruñido. Le habría gustado que Cho lo encontrara sentado con un grupo de gente interesante, muerta de risa por un chiste que él acababa de contar, y no con Neville y Lunática Lovegood, con un sapo en la mano y chorreando jugo fétido.
- Bueno, no importa- dijo Ginny con optimismo- Miren, podemos librarnos de esto con facilidad.- Sacó su varita y exclamó -: ¡Fregotego!
Capítulo 16. Reunión en Cabeza de Puerco
[...]
- Ejem, ejem - carraspeó Ginny imitando a la perfección a la profesora Umbridge; varios estudiantes giraron la cabeza, asustados, y luego rieron -. ¿No estábamos intentando decidir cuántas veces nos íbamos a reunir par dar clase de defensa?
- Sí- se apresuró a confirmar Hermione -, exacto. Tienes razón, Ginny.
[...]
- A mi tampoco me caen muy bien, - admitió Hermione -, pero me oyó hablar con Ernie y Hannah e la mesa de Hufflepuff y parecía muy interesado en venir. ¿Qué querías que hiciera? Y en realidad, cuantos más seamos, mejor. Mira, Michael Corner y sus amigos no habrían venido si él no estuviera saliendo con Ginny...
Ron, que estaba bebiéndose las últimas gotas de cerveza de mantequilla de su botella, se atragantó y derramó toda la que tenía en la boca.
- ¿Saliendo CON QUIÉN? - gritó. Tenía las orejas ardiendo -. ¿Qué está saliendo con... que mi hermana está saliendo con...? ¿Ginny sale con Michael Corner?
- Bueno, creo que por eso han venido él y sus amigos. Les interesa aprender defensa, desde luego, pero si Ginny no le hubiera contado a Michael lo que estaba...
- ¿Desde cuándo salen juntos?
- Se conocieron el año pasado en el baile de Navidad y a final de curso empezaron a salir - explicó Hermione con serenidad. Había llegado a la calle principal, y Hermione se detuvo frente a La Casa de las Plumas, en cuyo escaparate había una hermosa exposición de plumas de faisán -. Humm... Me encantaría comprarme una pluma nueva.
Y entonces Hermione entró en la tienda y Harry y Ron la siguieron.
- ¿Quién de ellos era Michael Corner? - preguntó éste, furioso.
- El moreno- contestó Hermione.
- No me ha caído bien - dijo Ron de inmediato.
- No me sorprende - respondió Hermione por lo bajo.
- Pero ¡si yo creía que a Ginny le gustaba Harry! - comentó Ron mientras seguía a Hermione por delante de una hilera de plumas expuestas en tarros de cobre.
Hermione lo miró con desdén y movió la cabeza negativamente.
- A Ginny le gustaba Harry, pero se le pasó hace meses. No es que no le caigas bien, Harry...- aclaró, mirando a su amigo mientras examinaba una larga pluma negra y dorada.
Harry, que todavía tenía vivo en la memoria el gesto de despedida de Cho, no encontraba aquel tema tan interesante como Ron, que temblaba de indignación; pero la cuestión le hizo pensar en algo que hasta entonces había pasado por alto.
- ¿Por eso ahora me habla?- le preguntó a Hermione.- Antes nunca abría la boca delante de mí.
- Exacto - confirmó Hermione.
Capítulo 19. El ejército de Dumbledore.
[...]
- ¿Entidad de Defensa? - aventuró Cho -. Podríamos abreviarlo ED y nadie sabría de qué estamos hablando.
- Sí, ED me parece bien - intervino Ginny -. Pero sería mejor que fueran las siglas de Ejército de Dumbledore, porque eso es lo que más teme el Ministerio, ¿no?
El comentario de Ginny fue recibido con risas y murmullos de conformidad.
[...]
Ginny se había emparejado con Michael Corner; lo estaba haciendo muy bien, mientras que Michael o lo hacía muy mal o no quería hechizar a Ginny.
Capítulo 21. El ojo de la serpiente.
[...]
Harry se libró de tener que preguntar a Luna qué eran los nargles porque en ese momento llegaron Angelina, Katie y Alicia. Las tres jadeaban y estaban muertas de frío.
- Bueno- dijo la primera sin mucho ánimo, quitándose la capa y dejándola en un rincón-, por fin los hemos reemplazado.
- ¿Reemplazado?- inquirió Harry sin comprender.
- A ti, a Fred y a George - aclaró Angelina, impaciente -. ¡Tenemos otro buscador!
- ¿Quién es?
- Ginny Weasley - dijo Katie.
Harry la miró boquiabierto.
Capítulo 22. Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
[...]
Entonces se inclinó hacia untado del retrato y desapareció de la vista en el preciso instante en que la puerta del despacho volvía a abrirse. Fred, George y Ginny entraron con la profesora McGonagall; los tres iban en pijama y despeinados, y parecían asustados.
- ¿Qué pasa Harry? - preguntó Ginny, que tenía aspecto de estar muerta de miedo -. La profesora McGonagall dice que has visto cómo atacaban a papá...
[...]
Fred se quedó dormido con la cabeza colgando sobre un hombro. Ginny estaba acurrucada como un gato en su silla, pero tenía los ojos abiertos; Harry veía la luz del fuego de la chimenea reflejada en ellos.
Capítulo 23. Navidad en la sala reservada.
[...]
- ¿Cómo te encuentras? - le preguntó Hermione.
- Bien - contestó él fríamente.
- Vamos, Harry, no mientas - repuso ella con impaciencia-. Ron y Ginny me han dicho que desde que volvieron de San Mungo te has estado escondiendo de los demás.
- ¡No me digas! - replicó Harry fulminando con la mirada a Ron y a Ginny. Ron se contempló los pies, pero Ginny continuó impertérrita y exclamó:
- ¡Es verdad! ¡Ni siquiera nos miras!
- ¡Son ustedes los que no me miran a mí! - protestó Harry furioso.
[...]
- Queríamos hablar contigo, Harry - dijo Ginny - pero como desde que llegamos no has hecho más que esconderte...
- No quería que nadie hablara conmigo - admitió él, que cada vez se sentía más molesto.
- Pues ésa es una postura muy estúpida - replicó Ginny con enojo-, dado que soy la única persona que conoces que ha estado poseída por Quien-tú-sabes, y por lo tanto puedo explicarte lo que se siente.
Harry se quedó callado, asimilando el impacto de aquellas palabras. Entonces se dio la vuelta.
- No me acordaba de eso- se excusó.
- Pues tienes suerte- dijo Ginny fríamente.
- Lo siento - se disculpó Harry con sinceridad-. Entonces... ¿creen que estoy poseído?
- A ver, ¿recuerdas todo lo que has hecho? - le preguntó Ginny-. ¿O hay periodos en blanco de los que no recuerdas nada?
Harry se exprimió el cerebro.
- No- contestó tras una pausa.
- Entonces Quien-tú-sabes no te ha poseído nunca - dedujo Ginny con simplicidad.- Cuando me poseyó a mi no recordaba lo que había hecho durante horas seguidas. De pronto me encontraba en un sitio y no tenía ni la más remota idea de cómo había llegado hasta ahí.
Harry no se atrevía a creerla, y sin embargo, pese a su reticencia, el peso que lo abrumaba empezó a aligerarse.
Capítulo 26. Visto y no visto.
[...]
Después de cenar, Ron y Ginny fueron a darse un baño y Harry Hermione regresaron a la concurrida sala común de Gryffindor y a su montón de deberes de rigor. Harry llevaba media hora peleando con un nuevo mapa celeste para la clase de Astronomía cuando aparecieron Fred y George.
- ¿No están aquí ni Ron ni Ginny? - preguntó Fred, y miró alrededor mientras arrastraba una butaca; Harry negó con la cabeza, y entonces Fred dijo -: Mejor. Hemos estado viendo el entrenamiento. Los van a machacar. Sin nosotros son un completo desastre.
- Hombre, Ginny no lo hace del todo mal - intervino George, y se sentó junto a su gemelo -. La verdad es que no me explico que lo haga tan bien, porque nunca la hemos dejado jugar con nosotros.
- Tu hermana entra a hurtadillas en el cobertizo de las escobas del jardín desde que tenía seis años y vuela con sus escobas, por turnos, cuando no pueden verla - informó Hermione desde detrás de un inseguro montón de libros sobre la asignatura de Runas Antiguas.
- ¡Ah! - exclamó George, ligeramente impresionado.- Bueno, eso lo explica todo.
[...]
Harry se metió en la cama y se puso a pensar en el partido. La actuación de Ginny le había impresionado mucho, pero estaba seguro de que de haber jugado él habría podido atrapar la snitch antes... Hubo un momento en que la pequeña bola alada revoloteó cerca del tobillo de Kirke; si Ginny no hubiera vacilado, podría haber conseguido que Gryffindor ganara, aunque sea por un pelito.
Capítulo 29. Orientación académica.
[...]
- Estoy hablando contigo, Harry. ¿No me oyes?
- ¿Eh?
Giró la cabeza. Ginny Weasley, muy despeinada, se había sentado a su lado en la mesa de la biblioteca, adonde Harry había ido solo. Era un domingo por la noche; Hermione había vuelto a la torre de Gryffindor para repasar Runas Antiguas, y Ron tenía entrenamiento de quidditch.
- ¡Ah, hola! - exclamó Harry, y acercó los libros hacia sí-. ¿Por qué no estás entrenando?
- El entrenamiento ha terminado - respondió Ginny. Ron ha tenido que llevar a Jack Sloper a la enfermería.
- ¿Por qué?
- Bueno, no estamos seguros, pero creemos que se ha golpeado él mismo con el bate.- Suspiró profundamente-. En fin... Ha llegado un paquete. Acaba de pasar por el nuevo detector de la profesora Umbridge.
Levantó una caja envuelta de papel marrón y la puso encima de la mesa; era evidente que la habían desenvuelto y la habían vuelto a envolver con descuido. En el papel había una nota escrita con tinta roja que rezaba: "Inspeccionado y aprobado por la Suma Inquisidora de Hogwarts".
- Son huevos de pascua que nos envía mi madre - dijo Ginny -. Hay uno para ti, toma...
Le dio un bonito huevo de chocolate decorado con pequeñas snitchs glaseadas que, según el envoltorio, contenía una bolsa de meigas fritas. Harry se quedó mirándolo y de pronto sintió que se le hacía un nudo en la garganta.
- ¿Te encuentras bien, Harry? - le preguntó Ginny en voz baja.
- Sí, si estoy bien - contestó Harry con brusquedad. El nudo en la garganta era doloroso. No entendía por qué un huevo de Pascua lo hacía sentir de ese modo.
- Últimamente estás muy deprimido - insistió Ginny -. ¿Sabes qué? Estoy segura que si hablaras con Cho...
- No es con Cho con quien quiero hablar- la atajó Harry.
- Pues ¿con quién? - inquirió Ginny mirándolo atentamente.
- Con...
Harry miró alrededor para asegurarse de que nadie lo escuchaba.
- Me muero de ganas de hablar con Sirius - masculló.- Pero sé que no puedo.
Ginny siguió mirándolo con atención. Harry desenvolvió su huevo de Pascua, no porque le apeteciera comérselo, sino más bien por hacer algo, rompió un pedazo grande y se lo metió en la boca.
- Bueno - dijo Ginny, y también tomó un trozo de huevo-, si tantas ganas tienes, supongo que podríamos encontrar la forma de que hablaras con él.
- No digas tonterías. Eso es imposible mientras la profesora Umbridge vigile las chimeneas y abra nuestro correo.
- Lo bueno de crecer con Fred y George es que acabas pensando que cualquier cosa es posible si tienes suficiente coraje - repuso Ginny con aire pensativo.
Harry la miró. Quizá fuera el efecto del chocolate (Lupin siempre le había aconsejado que comiera un poco tras un encuentro con dementores), o sencillamente porque, por fin, había expresado en voz alta el deseo que llevaba una semana entera ardiendo en su interior, pero se sintió más animado.
Capítulo 31. TIMOS
[...]
- ¿De qué te ríes?
- No me río - se apresuró a contestar su amigo, y bajó la vista hacia sus apuntes de Transformaciones al tiempo que intentaba borrar la sonrisa de sus labios. La verdad era que Harry acababa de recordar a otro jugador de quidditch de Gryffindor que un día también se alborotó el cabello, sentado bajo aquella misma haya-. Es que estoy contento de que hayamos ganado el partido.
- Sí - afirmó Ron lentamente saboreando sus palabras-, hemos ganado. ¿Te fijaste en la cara de Chang cuando Ginny atrapó la snitch justo debajo de sus narices?
- Seguro que se puso a llorar - comentó Harry con amargura.
Capítulo 32. Por la chimenea.
[...]
De pronto se abrió la puerta del aula y Harry, Ron y Hermione se volvieron rápidamente. Ginny entró con aire de curiosidad, seguida de Luna, que, como de costumbre, parecía estar allí por error.
- ¡Hola! - saludó Ginny, vacilante -. Hemos reconocido la voz de Harry. ¿Por qué gritabas?
- No es asunto tuyo - contestó él con aspereza.
Ginny arqueó las cejas.
- No tienes por qué emplear ese tono conmigo - repuso fríamente -. Sólo quería saber si podía ayudar en algo.
- Pues no, no puedes - le espetó Harry.
Capítulo 38. Empieza la segunda guerra.
[...]
Hermione se debatió consigo misma unos instantes y luego replicó:
- Qué bien, ¿no? - Ginny miró con disimulo a Harry y apartó rápidamente la vista sonriendo.
[...]
A Harry le sorprendió comprobar que aquella revelación no le afectaba en absoluto. Ya no le interesaba impresionar a Cho; esas intenciones pertenecían a un pasado del que Harry se sentía muy lejano, como muchas otras cosas que había deseado antes de la muerte de Sirius. La semana que había transcurrido desde que vio la ultima vez a su padrino se le había hecho eterna; era un período que separaba dos universos, uno en el que estaba Sirius, y el otro en el que no estaba.
- Mejor para ti, Harry - afirmó Ron con convicción - Mira es muy guapa y todo eso, pero tu mereces a alguien más alegre.
- Seguramente con otro estará también mucho más alegre - repuso Harry encogiéndose de hombros.
- ¿Con quién sale ahora, por cierto? €™ le pregunto Ron a Hermione, pero fue Ginny quuen contestó.
- Con Michael Corner.
- ¿Con Michael...? Pero... - balbuceó Ron, estirando el cuello y girando la cabeza para mirar a su hermana -. ¡Pero si tú sales con él!
- Ya no - aclaró Ginny con resolución -. No le gustó que Gryffindor ganara aquel partido de quidditch contra Ravenclaw y estaba muy malhumorado, así que lo planté y él corrió a consolar a Cho - añadió, y se rascó distraídamente la nariz con la punta de la pluma, colocó El Quisquilloso del revés y empezó a anotar las respuestas. Ron se puso contentísimo.
- Bueno, siempre me pareció un poco idiota - aseguró y empujó su reina hacia la temblorosa torre de Harry-. Bien hecho, Ginny. La próxima vez a ver si eliges a alguien mejor.
Y al decir eso, lanzó una furtiva y extraña mirada a Harry.
- Pues mira, he elegido a Dean Thomas, ¿qué te parece? - contestó Ginny vagamente.
- ¿CÓMO? - gritó Ron al tiempo que tiraba el tablero de ajedrez.
Harry Potter y la Orden del Fénix.
Copyright © J.K. Rowling, 2003.
Copyright © Ediciones Salamandra, 2004.
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Marzo 2010 |