Capítulo 4. Los siete Potter
[...]
Cuando todos comenzaron a desnudarse sin ningún recato, le habría gustado pedirles un poco más de respeto por su intimidad, pues parecían más cómodos exhibiendo el cuerpo de Harry de lo que se habrían sentido mostrando el suyo propio.
- Ya sabía yo que Ginny mentía sobre lo de ese tatuaje -comentó Ron mirándose el torso desnudo.
Capitulo 5. El Guerrero caído
[...]
Oyó gritos. Apartó el cepillo que ya no brillaba, se levantó trastabillando un poco y vio a la señora Weasley y a Ginny bajando a toda prisa los escalones de la puerta trasera, mientras Hagrid, que también había caído al aterrizar, se ponía trabajosamente de pie.
[...]
La señora Weasley habría podido hacerlo aparecer mediante magia, pero cuando se apresuró hacia la torcida casa, Harry comprendió que no quería que le vieran la cara. Entonces miró a Ginny, y ella respondió de inmediato las preguntas que el muchacho no había formulado.
-Ron y Tonks deberían haber sido los primeros en regresar, pero se les escapó el traslador, que llegó sin ellos -dijo, señalando una lata de aceite oxidada que había en el suelo-. Y ése - añadió mostrando una vieja zapatilla de lona- era el traslador de mi padre y Fred, que deberían haber sido los siguientes. Hagrid y tú eran los terceros y €¦ -consultó su reloj -. Si lo han conseguido, George y Lupin deberían llegar dentro de un minuto.
La señora Weasley regresó con una botella de coñac y se la dio a Hagrid. La descorchó y se la tomó toda de un trago.
- ¡Mira, mamá! -grito Ginny señalando a cierta distancia.
[...]
- ¡Échame una mano, Harry! -pidió Hagrid con voz ronca desde la puerta donde había vuelto a quedar atascado.
El muchacho se alegró de que hacer y lo ayudó a pasar. Luego cruzó la cocina y regresó al salón, donde la señora Weasley y Ginny seguían ocupándose de George. Molly ya había controlado la hemorragia, y la luz de la lámpara permitió a Harry ver un limpio agujero donde antes George tenía la oreja.
- ¿Cómo está? La señora Weasley volvió la cabeza y contestó:
- No puedo hacérsela que crecer otra vez, porque se la han arrancado mediante magia oscura. Pero podría haber sido mucho peor €¦ Al menos está vivo.
-Sí -coincidió Harry.- Por suerte.
-Me ha parecido oír a alguien más en el patio- dijo Ginny.
- Sí Hermione y Kingsley, -confirmó Harry.
-Menos mal €¦ -susurró Ginny.
Se miraron. A Harry le dieron ganas de abrazarla; ni siquiera le importaba mucho que la señora Weasley estuviera ahí, pero antes de dejarse llevar por el impulso se oyó un fuerte estruendo proveniente de la cocina.
[...]
Harry miró a Ginny y le indicó que lo acompañara afuera. Cuando atravesaban la cocina Ginny comentó en voz baja:
-Ron y Tonks ya deberían haber regresado. Su trayecto no era muy largo; la casa de tía Muriel no está muy lejos de aquí.
Harry no contestó. Desde que llegara a la Madriguera había intentado mantener su miedo a raya, pero ahora éste lo invadía: lo sentía trepar por la piel, vibrarle en el pecho y atascarle la garganta. Ginny le tomó la mano.
Kingsley iba de un lado a otro dando grandes zancadas y miraba el cielo cada vez que daba media vuelta. Harry se acordó de tío Vernon paseándose y tuvo la sensación de que esa imagen pertenecía a un pasado muy remoto. Hagrid, Hermione y Lupin estaban de pie, hombro con hombro, mirando también el cielo. Ninguno de ellos se volvió cuando Harry y Ginny se les unieron en esa muda vigilancia.
Capítulo Seis El Ghoul en Pijama
[...]
- ¡Pues creo que Arthur y yo tenemos derecho a saber y estoy segura, y estoy segura que los señores Granger estarán de acuerdo conmigo!
Su reacción sorprendió a Harry, que se esperaba un ataque estilo «madre preocupada ». Se esforzó en mirarla a los ojos y se percató de que eran exactamente del mismo color castaño que los de Ginny. Pero esa constatación no lo ayudó a concentrarse.
[...]
-Me parece que mi madre confía en que si consigue impedir que estén juntos y hagan, podrá retrasar su partida- comentó Ginny en voz baja mientras preparaban la mesa para cenar la tercera noche después de su llegada.
- ¿Y qué cree que va a pasar entonces? - murmuró Harry - ¿Que alguien matará a Voldemort mientras ella nos tiene aquí preparando vol-au-vents?- Lo dijo sin pensar y vio que Ginny palidecía.
- Entonces, ¿es verdad? ¿Eso es lo que pretenden hacer?-
- Yo no €¦ Lo dije en broma- rectificó, evasivo.
Sus miradas se cruzaron y Harry detectó algo más que sorpresa en el rostro de uno al otro y Ginny. De pronto él cayó en la cuenta de que era la primera vez que estaba a solas con ella desde aquellas momentos robados en rincones apartados de los jardines de Hogwarts, y tuvo la certeza de que Ginny también lo estaba pensando. Ambos dieron un respingo cuando se abrió la puerta y entraron el Sr. Weasley, Kingsley y Bill.
[...]
Esa noche había tanta gente en la que era difícil manipular los cuchillos y tenedores. Harry se encontraba apretujado al lado de Ginny, y todo aquello que no habían llegado a decirse mientras preparaban la mesa le hizo desear que hubiera varios comensales entre ambos. Tenía que esforzarse para no rozarle el brazo, que apenas si podía cortar su pollo.
[...]
- Y esta es nuestga hija pequeña, Gabguielle- dijo el monsieur Delacour.
Gabrielle, una niña de once años de cabello rubio plateado hasta la cintura, era una Fleur en miniatura; obsequió a la señora Weasley una sonrisa radiante y la abrazó; y a continuación le lanzó a una encendida mirada a pestañeando. Ginny carraspeó.
Capitulo Siete
El testamento de Albus Dumbledore
[...]
Ron se atragantó, pero el ruido que hizo fue interrumpido al abrirse una puerta del rellano del primer piso.
- ¿Puedes venir un momento, Harry?
Era Ginny. Ron se detuvo en seco, pero Hermione lo sujetó por el codo y lo obligó a seguir subiendo la escalera. Nervioso, Harry entró en el dormitorio de Ginny.
Era la primera vez que visitaba esa habitación. Era pequeña pero muy luminosa; en una pared había un gran póster del grupo mágico Las brujas de Macbeth, y en otra una fotografía de Gwenog Jones, capitana del Holyhead Harpies el equipo femenino de Quidditch. También había un escritorio situado hacia la ventana abierta que daba al huerto árboles frutales donde, una vez, Ginny y él habían jugado al Quidditch - dos contra dos - con Ron y Hermione, y donde ya estaba montada la gran carpa blanco. La bandera dorada que la coronaba quedaba a la altura de la ventana.
Ginny miró a Harry a los ojos, respiró hondo y dijo:
- Feliz cumpleaños.
- Ah €¦ gracias.
Ginny lo miraba fijamente, pero a él le costaba sostenerle la mirada: era como mirar a una luz muy brillante.
- Qué vista tan bonita- murmuró señalando la ventana.
Ella no le hizo caso, y a Harry no le extrañó.
-No se me ocurría qué regalarte- murmuró.
-No hacía falta que me regalaras nada.
Ella tampoco prestó atención a esa réplica y comentó.
-Tenía que ser algo útil y no demasiado grande; de lo contrario no podrías llevártelo.
Harry se aventuró a mirarla. No estaba llorando, ésa era una de las cosas que lo maravillaban de Ginny; que casi nunca lloraba. Él suponía que tener seis hermanos varones la había curtido.
Ginny se le acercó un poco.
- Y entonces pensé que me gustaría regalarte algo que te ayudara a acordarte de mí, por si €¦ no sé, por si conoces alguna veela cuando estés por ahí haciendo eso que tienes que hacer.
- Me temo que ahí afuera no voy a tener muchas ocasiones de lugar, la verdad.
- Eso era lo único que necesitaba oír - susurró ella y de pronto lo besó como nunca antes hasta entonces.
Harry le devolvió el beso y sintió una felicidad que no podía compararse con nada, un bienestar mucho mayor que el producido por el whisky de fuego. Sintió que Ginny era lo único real en el mundo: Ginny, su contacto, una mano en su espalda y la otra en su largo y fragante cabello €¦
De repente se abrió la puerta y ambos se separaron dando un respingo.
- Vaya-dijo Ron con tono significativo.- Lo siento.
- ¡Ron!- exhaló Hermione sin aliento detrás de él.
Hubo unos momentos de embarazoso silencio, hasta que Ginny dijo con voz monocorde:
-Bueno, feliz cumpleaños de todas formas, Harry.
A Ron se le habían puesto las orejas rojas y Hermione parecía nerviosa. A Harry le habría gustado cerrarles la puerta en las narices, pero era como si una fría corriente de aire hubiera entrado en la habitación y aquel magnífico instante se había desvanecido como una burbuja de jabón. Todas las razones que lo habían decidido a poner fin a su relación con Ginny y mantenerse alejado de ella parecían haberse colado en la habitación junto con Ron, y aquella dicha lo abandonó.
Miró a Ginny; quería decirle algo pero no sabía qué, y además ella se había dado la vuelta. Se preguntó si por una vez habría sucumbido al llanto. Delante de Ron no podía consolarla.
-Hasta luego - fue lo único que dijo, y salió con sus dos amigos del dormitorio.
[...]
Ginny no procuró volver a verse con Harry durante el resto del día, y nada en su aspecto ni actitud hizo sospechar que en su dormitorio hubieran mantenido, otra cosa que no fuera una conversación normal.
Capítulo Ocho
La boda
[...]
Ginny y Gabrielle, ataviadas con sendos vestidos dorados, parecían incluso más hermosas de lo habitual, y cuando Fleur llegó junto a Bill, dejó de parecer que en el pasado éste se las hubiera visto con Fenrir Greyback.
[...]
Ginny volvió la cabeza, sonriente, le guiñó un ojo a Harry y volvió a mirar al frente. Él se sintió transportado a aquellas tardes vividas con Ginny en rincones solitarios de los jardines del colegio, que se antojaban muy lejanas; siempre le habían parecido demasiado maravillosas para ser ciertas, como si hubera estado robándole horas de una felicidad insólita a la vida de una persona normal, una persona sin una cicatriz en forma de rayo en la frente €¦
[...]
- Esa chica es muy guapa- comentó Krum, sacando de su ensimismamiento a Harry. Señalaba a Ginny, que acababa de acercarse a Luna. - ¿También es pariente tuya?-
- Sí- contestó Harry con irritación. - Y sale con un chico. Un tipo muy celoso, por cierto. Y grandote. No te aconsejo que lo provoques.
Krum soltó un gruñido.
- ¿Qué gracia tiene ser un jugador internacional de Quidditch - dijo vaciando su vaso y poniéndose de pie, - si todas las chicas guapas ya tienen novio?-
Y se alejó a grandes zancadas. Harry tomó un bocadillo de la bandeja de un camarero que pasaba y bordó la concurrida pista de baile. Quería encontrar a Ron para contarle lo de Gregorovitch, pero su amigo estaba bailando con Hermione en el centro de la pista. Harry se apoyó contra una columna dorada y se dedicó a observar a Ginny, que bailaba Lee Jordan, el amigo de Fred y George, tratando de no arrepentirse de la promesa que le había hecho a Ron.
Capítulo 9
Un lugar para esconderse
[...]
- Tiene razón -coincidió Ron, sabiendo que su amigo intentaría; aunque ni siquiera podía verle la cara. -Casi toda la Orden estaba ahí, ellos se encargarán de protegerlos.
Harry asintió con la cabeza, aunque al reparar en que sus amigos no lo veían dijo:
- Está bien, de acuerdo. -Pero pensó en Ginny y el miedo le borboteó como ácido en el estómago.
[...]
El Patronus se disolvió por completo. Ron emitió un sonido entre gimoteo y gruñido y se dejó caer en el sofá; Hermione se sentó a su lado y le tomó un brazo.
- ¡Tranquilo, Ron, están todos bien! -susurró y él la abrazó, casi riendo de alivio.
-Harry -quiso disculparse Ron por encima del hombro de Hermione, -yo €¦
- Tranquilo, no te preocupes -repuso Harry, mareado por el dolor de la frente. -Se trata de tu familia, es lógico que estés inquieto por ellos. A mí me pasaría lo mismo. -Pero entonces se acordó de Ginny y rectificó. -A mí me pasa lo mismo.
Capítulo 12 La Magia es Poder
[...]
Harry visualizó la locomotora de vapor roja, como la vio el día que Ron y él la perseguían por el aire, reluciendo entre los campos y colinas, semejante a una ondulada oruga escarlata. Estaba seguro de que Ginny, Neville y Luna estarían sentados en el mismo compartimiento en ese instante, preguntándose quizá dónde se habían metido sus tres amigos, o debatiendo la mejor manera de minar el nuevo régimen de Snape.
Capítulo 15
La venganza del goblin
[...]
Dentro de la tienda, Harry cerró los ojos, ansioso porque alguien le hiciera la pregunta cuya respuesta él necesitaba oír. Un minuto más tarde, que se le hizo eterno, Dean la formuló, y entonces Harry recordó, sobresaltado, que ese muchacho también había sido novio de Ginny.
- ¿Qué les pasó a Ginny y a los otros chicos que intentaron robarla? ¿Los que trataron de robarla?
-Bah, los castigaron y con crueldad-dijo Griphook con indiferencia.
- Pero están bien, ¿no? - se apresuró a preguntar Ted - Porque los Weasley ya han sufrido suficiente con sus otros hijos.
- Que yo sepa no sufrieron daños graves - comentó Griphook.
-Me alegro por ellos -repuso Ted.- Con el historial de Snape, supongo que deberíamos dar las gracias de que estén con vida.
Harry, Ron y Hermione enrollaron las orejas extensibles. Harry, que había tenido que esforzarse por permanecer callado mientras escuchaban la conversación, ahora sólo logró musitar:
-Ginny €¦ la espada...
[...]
La lluvia seguía martilleando la tienda. Hermione fue presa del llanto, y la emoción de unos minutos atrás se desvaneció por completo, como unos fuegos artificiales que tras su fugaz estallido, hubieran dejado todo oscuro húmedo y frío. No sabían dónde se halaba la espada de Gryffindor, y ellos eran tres adolescentes refugiados en una tienda de campaña cuyo único objetivo era no morir todavía.
-Entonces, ¿por qué seguimos aquí? - le espetó Harry a Ron.
- A mí que me registren.
- ¡Pues vuelve a tu casa!
- ¡Sí, quizás lo haga! - Gritó Ron dando unos pasos hacia Harry, quien no retrocedió- ¿No oíste lo que dijeron de mi hermana? Pero eso a ti te importa un comino, ¿verdad? ¡Ah, el Bosque Prohibido! Al valiente Harry otter, que se ha enfrentado a cosas mucho peores, no le preocupa lo que pueda pasarle a mi hermana allí. Pues mira, a mí sí: me preocupan las arañas gigantes y los fenómenos €¦
- Lo único que he dicho es que Ginny no estaba sola, y que Hagrid debió ayudarlos €¦
- ¡Sí, sí! ¡Te importa muy poco! ¿Y qué me dices del resto de mi familia? «Los Weasley ya han sufrido suficiente con sus otros hijos », ¿eso tampoco lo oíste?
- Sí, claro que €¦
- Pero no te importa lo que significa ¿verdad?
-Ron -terció Hermione interponiéndose entre los dos chicos. -No creo que signifique haya pasado nada más, nada que nosotros no sepamos. Piénsalo, Ron: Bill ya está lleno de cicatrices, mucha gente debe haber visto que George ha perdido una oreja, y se supone que tú estás en tu lecho de muerte, enfermo de spattergroit.
Capítulo 16
El Valle de Godric
[...]
Pasaron varios días sin hablar de Ron. Harry estaba decidido a no volver a mencionar su nombre jamás, y Hermione parecía saber que era inútil sacar el tema a colación, aunque a veces, por la noche, cuando ella creía que él dormía, Harry la oía llorar. Entretanto, él examinaba de vez en cuando el Mapa del Merodeador y a examinarlo bajo la luz de la varita, esperando el momento en que el puntito «Ron » apareciera en los pasillos de Hogwarts, lo cual demostraría que había vuelto al acogedor castillo, protegido por su estatus de sangre limpia. Sin embargo, Ron no aparecía en el Mapa. Pasado un tiempo Harry sólo lo observaba para ver el nombre de Ginny en el dormitorio de las chicas, preguntándose si la intensidad con la que la contemplaba podría infiltrarse en el sueño de ella y hacerle saber que él la recordaba, confiaba en que no lo hubiera pasado nada malo.
[...]
Snape se enfrentaba a una pertinaz rebelión soterrada por parte de un núcleo de alumnos, habían prohibido a Ginny ir Hogsmeade, y Snape había reinstaurado el viejo decreto de Umbridge que prohibía las reuniones de mas de tres alumnos y cualquier tipo de asociación oficial.
Por todas esas cosas, Harry dedujo que Ginny, y probablemente Neville y Luna, habían hecho todo lo posible para mantener unido Ejército de Dumbledore. Esas escasas noticias le provocaban tantas ganas de ver a Ginny que le dolía el estómago; pero también lo impulsaban a pensar en Ron, en Dumbledore y en el propio Hogwarts, al que echaba de menos casi tato como a su ex-novia.
Capítulo 19. La cierva plateada
[...]
Harry colocó un viejo cojín a la entrada de la tienda y se sentó encima. Llevaba puestos todos los suéteres que tenía, pero aún así temblaba de frío. La oscuridad fue acentuándose a medida que pasaban las horas que pasaron hasta hacerse casi impenetrable. El muchacho se disponía a tomar el Mapa del Merodeador para contemplar un rato el puntito de Ginny cuando se acordó que era Navidad y que ella debía haber vuelto a la Madriguera.
Capítulo 20
Xenophilius Lovegood
[...]
- Qué raro resulta estar tan cerca y no poder visitarlos - comentó Ron.
- Bueno, no será porque haga mucho tiempo que no estás con ellos. Al fin y al cabo, has pasado la Navidad ahí- repuso Hermione con frialdad.
- ¡No la he pasado en la Madriguera! - replicó Ron casi riendo - ¿Me crees capaz de volver a mi casa y decirle a mi familia que los había dejado abandonados? Claro, a Fred y George les habría encantado, y Ginny se habría mostrado muy comprensiva conmigo, sin duda.
[...]
Harry se acercó a la ventana situada al otro lado de la habitación y divisó un riachuelo, una estrecha y reluciente franja de agua que discurría al pie de la colina. Un pájaro pasó aleteando por delante de él mientras miraba en dirección a La Madriguera, invisible detrás de otras colinas, a pesar de que se hallaban a gran altura. Ginny debía estar allí, y Harry pensó que nunca habían estado tan cerca el uno del otro desde el día de la boda de Bill y Fleur. Aunque Ginny no podía imaginar ni por asomo que en ese momento él miraba en dirección a la casa pensando en ella. Supuso que era mejor así, porque cualquier que estuviera en contacto con él corría peligro y la actitud de Xenophilius lo demostraba.
Capitulo 29 La diadema perdida
[...]
- Nos ha ido muy bien - dijo Neville mirando sonriente a Hermione. -Los Carrow nunca descubrieron cómo lográbamos comunicarnos, y eso los ponía furiosos. Nos escapábamos por la noche y hacíamos pintas en las paredes « El Ejército de Dumbledore sigue reclutando gente », y cosas así. Snape estaba histérico.
- ¿Se escapaban?- preguntó Harry, reparando en que Neville hablaba en pasado.
-Bueno, a medida que pasaba el tiempo cada vez era más difícil. Por Navidad perdimos a Luna, y Ginny no volvió después de Pascua, y como nosotros éramos los líderes.
[...]
Oyó otro ruido a sus espaldas y se dio la vuelta. Sintió como si dejara de latirle el corazón: Ginny estaba entrando por el hueco de la pared, y la seguían Fred, George y Lee Jordan. Ginny lo miró y compuso una sonrisa radiante. Harry había olvidado lo hermosa que era, - o nunca se había fijado bien -, pero jamás se había alegrado menos de verla.
[...]
-Se ha puesto en marcha- les dijo en voz baja a Ron y Hermione. Echó una ojeada a Cho y luego volvió a mirarlos. - Escuchen, ya sé que no es una pista muy buena, pero voy a subir a ver esa estatua; al menos sabré cómo es la diadema. Espéreme aquí, y guarden bien €¦ el otro.
Cho se había levantado, pero Ginny muy decidida dijo:
- No; Luna acompañará a Harry, ¿verdad Luna?-
[...]
El tropel de gen fue reduciéndose, y en la Sala de los Menesteres sólo quedo un pequeño grupo. Harry se acercó a ellos. La Señora Weasley estaba forcejando con Ginny, rodeadas por Lupin, Fred, George, Bill, y Fleur.
- ¡Eres menor de edad!- le gritaba la Señora Weasley a su hija.- ¡No lo permitiré! ¡Los chicos sí, pero tú tienes que irte a casa!
- ¡No quiero!
Ginny logró soltarse de su madre, que la tenía sujeta por un brazo, y la sacudida que dio le agitó la melena.
- ¡Soy del Ejército de Dumbledore y €¦!
- ¡Una pandilla de adolescentes!
- ¡Una pandilla de adolescentes que se dispone a plantarle cara a Quién-tú-sabes, cosa que hasta ahora nadie se ha atrevido a hacer! - intervino Fred.
- ¡Sólo tiene dieciséis años!-gritó la Señora Weasley.- ¡Todavía es una niña! ¿Cómo se les ocurrió traerla con ustedes?
Fred y George parecían un poco arrepentidos de lo que habían hecho.
-Mamá tiene razón, Ginny,- intervino Bill con ternura. -No puedes participar en esta lucha. Todos los menores de edad tendrán que marcharse. Es justo que así sea.
- ¡No puedo irme!- Gritó Ginny anegada en lágrimas de rabia. - ¡Toda mi familia esta aquí, no soporto quedarme esperando en casa, sola, sin enterarme de lo que pasa €¦!
Su mirada se cruzó con la de Harry por primera vez. Ginny lo miró suplicante, pero él negó con la cabeza y ella se dio la vuelta disgustada.
- De acuerdo,- dijo con la vista clavada en la entrada del túnel que conducía al pub. - Está bien, me despediré de ustedes ahora y €¦
[...]
- ¡Ginny!-gritó la señora Weasley.
Ginny, aprovechando la escena de la reconciliación, había intentando colarse también por la escalera.
- A ver qué te parece mi propuesta, Molly, - díjo Lupin - Opino que Ginny debería quedarse aquí. Así, al menos estará cerca de la acción y sabrá qué sucede, pero no se meterá en la batalla.
-Yo...
- Me parece una buena idea,-decidió el señor Weasley. - Quédate en esta habitación, Ginny. ¿Me has entendido?
A Ginny no le gustó mucho la idea, pero al ver la inusual severidad de la mirada de su padre, asintió con la cabeza. Los señores Weasley y Lupin se dirigieron a la escalera.
- ¿Dónde está Ron?-Preguntó Harry.- ¿Y Hermione?
-Deben de haber subido ya al Gran Comedor - respondió el señor Weasley mirando hacia atrás.
- Yo no los he visto pasar - se extrañó Harry.
- Han dicho algo de unos lavabos- intervino Ginny, -Poco después irte tú.
Capítulo 31
LA BATALLA DE HOGWARTS
[...]
Las paredes volvieron a temblar. Harry guió a sus amigos por la entrada oculta y por la escalera que conducía a la Sala de los Menesteres. Allí sólo quedaban tres mujeres: Ginny, Tonks y una bruja anciana con un sombrero apolillado, a la que Harry reconoció al instante: era la abuela de Neville.
- ¡Ah, Potter! - dijo la anciana con desenvoltura- Ahora podrás explicarnos lo qué está pasando.
- ¿Están todos bien? - preguntaron Ginny y Tonks a la vez.
- Que nosotros sepamos sí - respondió Harry.- ¿Todavía hay gente en el pasadizo al Cabeza de Puerco?- Era consciente de que la Sala de los Menesteres no se transformaría mientras quedara alguien dentro.
[...]
- Creía que estabas con Teddy en casa de tu madre - le comentó Harry a Tonks.
- No podía soportarlo. Necesitaba saber...- Estaba muy angustiada. - Mi madre cuidará de él. ¿Has visto a Remus?
- Creo que planeaba llevar a un grupo de combatientes a los jardines €¦-
Tonks no dijo nada más y se marchó a toda prisa.
- Ginny - dijo entonces Harry -, lo siento, pero tú también tendrás que irte, pero sólo por un rato. Luego podrás volver.
Ginny recibió encantada la orden de abandonar su refugio.
- ¡Luego has de volver! - le insistió Harry mientras la chica subía corriendo la escalera, detrás de Tonks.- ¡Tienes que volver!
[...]
Harry se volvió y vio a Ginny y a Tonks, ambas con varitas en mano, apostadas en la ventana más próxima, a la que le faltaban varios cristales. Ginny lanzó un certero hechizo a un grupo de combatientes que intentaba entrar en el castillo.
- ¡Bien hecho! - rugió una figura que corría hacia ellos a través de una nube de polvo, y Harry vio de nuevo a Aberforth, con el canoso cabello alborotado, guiando a un reducido grupo de alumnos. - ¡Parece que se está abriendo una brecha en las almenas del ala norte! ¡Se han traído a sus gigantes!
- ¿Has visto a Remus? - le preguntó Tonks.
- ¡Estaba peleando con Dolohov! - gritó Aberforth - ¡No lo he visto desde entonces!
- Seguro que está bien, Tonks - la tranquilizó Ginny. - Seguro que está bien €¦
Pero la bruja se había lanzado ya hacía la nube de polvo detrás de Aberforth.
Ginny impotente, se volvió hacia Harry, Ron y Hermione.
No les pasará nada - dijo Harry, aunque sabía que sólo eran palabras de consuelo-. Volverán enseguida, Ginny. Tú apártate y quédate en un lugar seguro. ¡Vamos! - les dijo a sus dos amigos y se fueron a toda velocidad hacia el trozo de pared detrás del cual la Sala de los Menesteres los esperaba para ofrecersles una nueva respuesta a sus necesidades.
[...]
Harry oyó gritos que no eran de los jinetes decapitados y lo invadió el pánico.
- ¿Dónde está Ginny? - preguntó de repente. - ¡Estaba aquí! ¡Tenía que volver a la Sala de los Menesteres!
CAPITULO 32 La varita de saúco.
[...]
Pero Harry comprendía cómo se sentía su amigo; buscar otro Horrocrux no le proporcionaría la satisfacción de la venganza. Él también quería pelear, castigar a los asesinos de Fred y encontrar a los otros Weasley, y por encima de todos quería asegurarse de que Ginny no €¦ No, no permitiría que esa idea se formara en su mente €¦
Capítulo 33
El cuento del Príncipe
[...]
Sin decirle nada a Harry, Ron y Hermione se adelantaron. Ella se acercó a Ginny, que tenía la cara estaba hinchada y cubierta de manchas rojas, y la abrazó. Ron se reunió con Bill, Fleur y Percy, quienes también lo abrazaron por los hombros. Ginny y Hermione se aproximaron más al resto de la familia, y entonces Harry descubrió los cadáveres que yacían junto al de Fred: eran Remus y Tonks, pálidos e inmóviles pero con expresión serena; parecían dormidos bajo el oscuro techo encantado.
Capítulo Treinta y Cuatro
De nuevo el bosque
[...]
Harry echó un vistazó al Gran Comedor. La gente iba y venía por la estancia intentando consolarse mutuamente, reponiendo fuerzas o arrodillándose junto a los muertos; pero Harry no vio a ninguno de sus seres queridos: no había ni rastro de Hermione, Ron, Ginny o los Weasley o Luna. Se dijo que habría dado todo el tiempo que le quedaba a cambio de verlos por última vez; pero, en ese caso, ¿habría tenido fuerzas para alejarse de ellos? Era mejor así.
[...]
Harry volvió a ponerse la Capa invisible y siguió andando. No lejos de allí había alguien encorvado sobre otra figura tendida en el suelo. Hasta que estuvo sólo a unos palmos de ella no reconoció a Ginny.
Se detuvo en seco. Ginny estaba de cuclillas junto a una chica que susurraba llamando a su madre.
- No te preocupes - le decía ella. - No pasa nada. Vamos a llevarte dentro.
- Quiero irme a casa -musitaba la chica-. ¡No quiero seguir luchando!
- Ya lo sé -dijo Ginny con la voz rota. . Tranquila, todo se arreglará.
Harry sintió un escalofrío. Le dieron ganas de ponerse a gritar allí mismo; quería que Ginny supiera que él estaba allí y se enterara de adónde iba. Quería que lo detuvieran, que lo obligaran a volver y lo enviaran a casa. Pero ya estaba en casa. Hogwarts había sido el primero y el mejor hogar que había tenido. Voldemort, Snape y él - los niños abandonados - habían encontrado un hogar en aquel colegio €¦
Ginny se había arrodillado junto a la chica herida y le sujetaba una mano. Haciendo un gran esfuerzo, Harry siguió su camino. Al pasar por su lado, le pareció que Ginny miraba alrededor y se preguntó si habría notado algo, pero él no dijo nada y no volvió a mirar atrás.
[...]
Era una sensación extraña, pero los muertos que caminaban a su lado por el Bosque Prohibido le resultaban mucho más reales que los vivos que habían quedado en el castillo, de tal manera que ahora, mientras se dirigía dando traspiés hacia el final de su vida, hacia Voldemort, los fantasmas eran Ron, Hermione, Ginny y todos los demás.
[...]
Los mortífagos no se movían, expectantes; todo estaba en suspenso, a la espera. Hagrid forcejeaba, Bellatrix jadeaba y Harry, sin saber por qué, pensó en Ginny, en su luminosa mirada, en el roce de sus labios €¦
Capitulo 36
El error en el plan
[...]
Volvió a abrir un poco los ojos, sólo un segundo, y observó cómo la entrada del castillo se llenaba de gente: los supervivientes de la batalla salían a los escalones de piedra para enfrentarse a sus vencedores y comprobar con sus propios ojos que Harry había muerto. Voldemort estaba de pie, un poco más adelante, acariciándole la cabeza a Nagini con un solo y blanco dedo. Cerró los ojos.
- ¡Nooo!
- ¡Nooo!
- ¡Harry! ¡Harry!
Escuchar las voces de Ron, Hermione y Ginny fue peor que oír a la profesora McGonagall.
[...]
Bellatrix luchaba a unos cincuenta metros de Voldemort, e igual que su amo, lidiaba con tres oponentes a la vez: Hermione, Ginny y Luna. Las chicas peleaban a fondo, dando lo mejor de sí, pero Bellatrix igualaba sus fuerzas. Harry vio cómo una maldición asesina pasaba rozando a Ginny, que se salvó de la muerte por un pelito €¦ El muchacho decidió atacar a Bellatrix en lugar de a Voldemort, pero sólo había dado unos pasos en esa dirección cuando lo apartaron de un empujón.
- ¡ ¡Mi hija no, perra!! *
La señora Weasley se quitó la capa para tener libres los brazos y corrió hacia Bellatrix. La mortífaga se dio la vuelta y soltó una carcajada al ver quién la amenazaba.
- ¡ ¡Apártense de aquí!! - les gritó la señora Weasley a las tres chicas, y haciendo un molinete con la varita, se dispuso a luchar contra Bellatrix.
[...]
El implacable sol del nuevo día brillaba ya en las ventanas cuando todos se abalanzaron sobre Harry. Los primeros en llegar a su lado fueron Ron y Hermione, y fueron sus brazos los que lo apretujaron, sus gritos incomprensibles los que lo ensordecieron. Enseguida llegaron Ginny, Neville y Luna, y a continuación los Weasley y Hagrid, y Kingsley y McGonagall, y Flitwick y Sprout €¦ Harry entendía ni una palabra de lo que le decían, ni sabía de quién eran las manos que lo sujetaban tiraban de él o trataban de abrazar alguna parte de su cuerpo. Había cientos de manos que intentaban alcanzarlo, todas decididas a tocar al niño que vivió, al responsable de que todo hubiera terminado por fin €¦
[...]
Ahora podía trasladarse por el comedor sin que lo vieran. Así pues, localizó a Ginny sentada dos mesas más allá, con la cabeza apoyada en el hombro de su madre, pero pensó que ya tendrían tiempo - horas, días, quizá hasta años - para hablar.
Epílogo
Diecinueve años después €¦
Aquel año, el otoño se adelantó. El primer día de septiembre trajo una mañana tersa y dorada como una manzana, y mientras la pequeña familia cruzaba corriendo la ruidosa calle hacia la enorme y tiznada estación, los gases de los tubos de escape y el aliento de los peatones brillaban como telarañas en la fría atmósfera. En lo alto de los dos cargados carritos que empujaban los padres, se tambaleaban dos grandes jaulas con sendas lechuzas que ululaban indignadas. Una llorosa niña pelirroja iba detrás de sus hermanos, aferrada al brazo de su padre.
- Dentro de poco tú también irás - la consoló Harry.
- Faltan dos años - gimoteó Lily - ¡Yo quiero ir ahora!
La gente que había en la estación lanzaba miradas de curiosidad a las lechuzas mientras la familia zigzagueaba hacia la barrera que separaba los andenes nueve y diez. La voz de Albus alcanzó a Harry por encima del bullicio que los rodeaba; sus dos hijos varones reanudaban la discusión que habían iniciado en el coche.
- ¡No señor! ¡No van a ponerme en Slytherin!
- ¿Quieres terminar ya, James? - dijo Ginny.
- Sólo he dicho que podrían ponerlo en Slytherin - se defendió James, sonriendo con burla a su hermano pequeño. - ¿Qué tiene eso de malo? Es verdad que a lo mejor lo ponen €¦
Pero James detectó la severa mirada de su madre y se calló. Los cinco Potter habían llegado frente a la barrera. James miró a su hermano pequeño por encima del hombro, con expresión de gallito; luego tomó el carrito que conducía su madre y echó a correr. Un instante más tarde se había esfumado.
- Me escribirán ¿verdad? - preguntó Albus a sus padres aprovechando la momentánea ausencia de su hermano.
- Claro que sí. Todos los días, si quieres - respondió Ginny.
- No, todos los días no - se apresuró a decir Albus, - James dice que la mayoría de los alumnos sólo reciben cartas una vez al mes, más o menos.
- Pues el año pasado le escribíamos tres veces por semana - afirmó Ginny.
- Y no te creas todo lo que tu hermano te cuente sobre Hogwarts - intervino Harry. - Ya sabes que es muy bromista.
Juntos, empujaron el otro carrito en dirección a la barrera. Albus hizo una mueca de dolor, pero no se produjo ninguna colisión. La familia apareció en el andén nueve y tres cuartos, desdibujado por el denso y blanco vapor que salía de la escarlata locomotora del expreso de Hogwarts. Unas figuras indistintas pululaban por la neblina en que James ya se había perdido.
- ¿Donde están? - preguntó Albus con inquietud, escudriñando las borrosas siluetas junto a las que pasaban mientras recorrían el andén.
- Ya los encontraremos - lo tranquilizó Ginny.
Pero el vapor era muy denso y no resultaba fácil distinguir las caras de la gente. Separadas de sus duelos, las voces sonaban con una potencia exagerada. A Harry le pareció oír a Percy disertando en voz alta sobre la normativa que regulaba el uso de escobas, y se alegró de tener una excusa para no detenerse y saludarlo €¦
- Creo que están ahí, Al - comentó Ginny.
Un grupo de cuatro personas surgió entre la niebla, junto al último vagón. Harry, Ginny, Lily y Albus no lograron distinguir sus caras hasta que estuvieron a su lado.
- ¡Hola! - saludó Albus con patente alivio.
Rose, que ya llevaba puesta su túnica nueva de Hogwarts, lo miró sonriente.
- ¿Has podido estacionarte bien? - le preguntó Ron a Harry - Yo sí. Hermione no confiaba en que aprobara el examen de conducir de muggles, ¿verdad que no? Creía que tendría que confundir al examinador.
- Eso no es cierto - replicó Hermione. - Confiaba plenamente en ti.
- La verdad es que lo confundí - le confesó Ron a Harry al oído cuando, entre los dos, subieron el baúl y la lechuza de Albus al tren. - Sólo se le olvidó mirar por el retrovisor lateral y €¦ qué quieres que te diga, para eso puedo utilizar un encantamiento supersensorial.
De nuevo en el andén, encontraron a Lily y Hugo, el hermano pequeño de Rose, charlando animadamente. Trataban de adivinar en qué casa los pondrían cuando fueron a Hogwarts.
- No quiero que te sientas presionado - dijo Ron - pero si no te ponen en Gryfindor, te desheredo.
- ¡Ron!
Lily y Hugo rieron, pero Albus y Rose se mostraron circunspectos.
- No lo dice en serio - dijeron Hermione y Ginny, pero Ron ya no les prestaba atención. Con mucho disimulo, señaló a unos cincuenta metros de distancia. El vapor se había aclarado momentáneamente, y tres personas resaltaban entre la neblina que se arremolinaba en el andén.
- ¡Mira quiénes han venido!
Draco Malfoy también se hallaba en la estación con su esposa y su hijo; llevaba un abrigo oscuro abotonado hasta el cuello, y las pronunciadas entradas resaltaban sus angulosas facciones. Su hijo se parecía a Draco tanto como Albus a Harry. Malfoy se dio cuenta de que Harry, Ron, Hermione y Ginny lo miraban; los saludó con una seca cabezada y se dio la vuelta.
- Así que ése es el pequeño Scorpius - murmuró Ron. - Asegúrate de superarlo en todos los exámenes, Rosie. Suerte que has heredado la inteligencia de tu madre.
- Haz el favor, Ron - protestó Hermione, entre severa y divertida - ¡No intentes enemistarlos antes incluso de que haya empezado el curso!
- Tienes razón; perdóname - se disculpó Ron, aunque no pudo evitar añadir: - Pero no te hagas demasiado amiga suya, Rosie. El abuelo Weasley jamás te perdonaría si te casaras con un sangre limpia.
- ¡Eh!
James había reaparecido; se había librado del baúl, la lechuza y el carrito, y era evidente que tenía un montón de noticias que contarles.
- Teddy está ahí - dijo casi sin aliento, señalando hacia atrás. - ¡Acabo de verlo! ¿Y saben qué estaba haciendo? ¡Besándose con Victoire! - Miró a los adultos y se sintió decepcionado por su desinteresada reacción. - ¡Nuestro Teddy! ¡Teddy Lupin! ¡Estaba besándose con nuestra Victoire! ¡Nuestra prima! Le pregunté a Teddy qué estaba haciendo €¦
- ¿Los has interrumpido? - preguntó Ginny - ¡Eres igual que Ron!
- €¦ ¡y me contestó que había venido a despedirse de ella! Y luego me dijo que me largara. ¡Se estaban besando! - añadió James, como si temiera no haberse explicado bien.
- ¡Ay! ¡Sería maravilloso que se casaran! - susurró Lily extasiada - ¡Entonces Teddy sí que formaría parte de la familia!
- Ya viene a cenar unas cuatro veces por semana - terció Harry - ¿Por qué no le proponemos que se quede a vivir con nosotros, y asunto concluido?
- ¡Eso! - dijo James con entusiasmo, - ¡A mí no me importaría compartir la habitación con Al! ¡Teddy puede instalarse en mi dormitorio!
- ¡Ni hablar! - repuso Harry con firmeza. - Al y tú compartirán habitación cuando quiera demoler la casa-. Miró la hora en el abollado y viejo reloj que había pertenecido a Fabian Prewett. - Son casi las once. Será mejor que suban al tren.
- ¡No te olvides de darle un beso de mi parte a Neville! - Le dijo Ginny a James al abrazarlo.
- ¡Mamá! ¡No puedo darle un beso a un profesor!
- Pero si tú conoces a Neville €¦
James pusó los ojos en blanco.
- Fuera del colegio, estoy de acuerdo, pero él es el profesor Longbottom, ¿no? No puedo entrar en la clase de Herbología y darle un beso de tu parte.
James sacudió la cabeza ante la ingenuidad de su madre y se desahogó lanzándole otra pulla a Albus.
- Hasta luego, Al. Ya me dirás si has visto a los thestrals.
- Pero ¿no eran invisibles? ¡Me dijiste que eran invisibles!
Pero James se limito a reír, dejo que su madre lo besara, le dio un somero abrazo a su padre y subió de un salto al tren, que se estaba llenando rápidamente. Lo vieron despedirse con la mano y echar a correr por el pasillo en busca de sus amigos.
- No tienes por qué temerle a los thestrals - le dijo Harry a Albus - Son unas criaturas muy tranquilas y no dan ningún miedo. Además, ustedes no van a ir al colegio en los carruajes, sino en los botes.
Ginny se despidió de Albus con un beso.
- Nos veremos en Navidad.
- Adiós Al- dijo Harry al abrazar a su hijo. - No olvides que Hagrid te ha invitado a tomar el té el próximo viernes; no te metas con Peeves, y no retes a nadie en duelo hasta que hayas adquirido un poco de experiencia. Ah, y no dejes que James te provoque.
- ¿Y si me ponen en la casa de Slytherin? - susurró en voz baja para que sólo lo oyera su padre, y éste comprendió que sólo la tensión de la partida podría haber oblidado a Albus a revelar lo enorme y sincero que era ese temor.
Harry se puso en cuclillas y su cara quedó a la altura de la de Albus. El chico era el único de sus tres hijos que había heredado los ojos de Lily.
- Albus Severus - susurró Harry para que no los oyera nadie más que Ginny, y ella fue lo bastante discreta para fingir que le estaba diciendo adiós con la mano a Rose, que ya había subido al tren. - Te pusimos los nombres de dos directores de Hogwarts. Uno de ellos era de Slytherin, y seguramente el hombre más valiente que jamás he conocido-
- Pero sólo dime... -
- En ese caso, la casa de Slytherin ganaría un excelente alumno, ¿no? A nosotros no nos importa, Al. Pero si a ti te preocupa, podrás elegir entre Gryfindor y Slytherin. El Sombrero Seleccionador toma en cuenta tus preferencias.
- ¿En serio?
- Conmigo, lo hizo - afirmó Harry.
Ese detalle nunca se lo había contado a sus hijos, y Albus puso cara de asombro. Pero las puertas del tren escarlata se estaban cerrando, y las borrosas siluetas de los padres se acercaban a los vagones para darles los últimos besos y las últimas recomendaciones a sus hijos. Albus subió al fin, y Ginny cerró la puerta tras él. Los alumnos asomaban la cabeza por la ventanilla que tenían más cerca. Muchas caras, tanto en el tren como en el andén, se habían vuelto hacia Harry.
- ¿Por qué te miran todos así?- preguntó Albus, y Rose y él estiraron el cuello para observar a los otros alumnos.
- No le des importancia - dijo Ron. - Es a mí a quien miran, porque soy muy famoso.
Albus, Rose, Hugo y Lily rieron. El tren se puso en marcha y Harry caminó unos metros a su lado por el andén, contemplando el delgado rostro de su hijo, encendido ya de emoción. Harry siguió sonriendo y diciendo adiós con la mano, aunque le producía cierto pesar ver alejarse a su hijo €¦
El último rastro de vapor se esfumó en el cielo otoñal cuando el tren tomó una curva. Harry todavía tenía la mano levantada.
- Ya verás como todo le irá bien - murmuró Ginny.
Harry la miró, bajó la mano y, distraídamente, se tocó la cicatriz en forma de rayo.
- Sí, ya sé que todo le irá bien.
La cicatriz llevaba diecinueve años sin dolerle. No había nada de que preocuparse.
Harry Potter y las Reliquias de la Muerte
Copyright © J.K. Rowling, 2007.
Copyright © Ediciones Salamandra, 2008
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Marzo 2010 |